Desde pequeña su abuela se encargó de hacer que la cocina fuese su dedicación. Su pasión, su ambición y su interés hizo que se formase en ello.
Tras muchos años de aprendizaje y tardes de cocina con su abuela, descubrió que la repostería era su pasión, y lo hacía con ese perfeccionismo dulce que hoy la define.
Un día, Paula decidió hacer lo que muchas sueñan y pocas se atreven: convertir su pasión en su vida.
Y así, con su pareja, unos ahorros, mucha ilusión y un nombre con historia, nació LaMaruja Bakery.
¿Por qué “LaMaruja”?
Por su abuela «Maruja», porque en esta casa nos apropiamos con orgullo de esa palabra. Marujear es disfrutar, es compartir, es saber de la vida de los demás y contar la nuestra con una taza de café y una porción de tarta delante.
Es estar en lo cotidiano y hacerlo especial. Es ser cercana, sin postureos. Como Paula, como su abuela. Como su manera de hacer repostería.
Desde el primer día, La Maruja Bakery ha sido más que un obrador: es un proyecto de vida. Cada receta que sale de aquí ha sido probada, perfeccionada y mimada. No usamos mezclas preparadas, ni aceleramos los tiempos: aquí se cocina con calma, como antes. Porque no buscamos solo que te guste lo que pruebas. Queremos que te acuerdes y que repitas.
Porque aquí se cocina con amor de abuela.
El 17 de junio de 2025 abrimos las puertas de nuestro primer obrador. Pequeño, sencillo y lleno de ilusión.
Un lugar donde empezamos a dar forma a un sueño que llevaba años cocinándose a fuego lento. Allí aprendimos a trabajar sin descanso, a confiar en nuestras manos y a celebrar cada pedido como si fuese el primero.
Pero con el paso de los meses, el obrador empezó a quedarse pequeño. Cada vez había más pedidos, más encargos y más bandejas saliendo por la puerta. Y no solo crecíamos en la tienda. También crecíamos como proveedor de otros negocios. Cafeterías y restaurantes que confiaron en nosotros para servir nuestros dulces a sus propios clientes. Poco a poco, ese trabajo se convirtió en el corazón de nuestro negocio.
Y entonces llegó la Navidad.
Una Navidad intensa, bonita y también exigente. Fueron días en los que no dábamos a basto. El horno no descansaba y las manos trabajaban sin parar. Ahí entendimos algo muy claro: necesitábamos más espacio para seguir haciendo las cosas bien.
El salto ya no era una opción. Era necesario.
Así empezó la búsqueda de un nuevo hogar. Un lugar donde el obrador pudiera crecer y donde, además, pudiéramos cumplir otro sueño: abrir también una cafetería.
Y así, el 8 de abril de 2026, abrimos las puertas de nuestra nueva casa en Calle Hermes 10.
Un espacio más grande, más preparado y lleno de vida. Nuevo local, nuevo equipo con la unión con Rafael y Joaquín Muñoz.
Con la misma esencia, la misma forma de trabajar y el mismo respeto por la repostería hecha como antes. Porque aquí seguimos cocinando con amor de abuela.